45 Festival Internacional de Cine Mudo de Pordenone

Zweimal gelebt (Max Mack, 1912). Dos vidas en un solo plano 

Zweimal gelebt. Anton Ernst Rücker, Eva Speyer. © Eye Filmmuseum

Zweimal gelebt (Dos veces vivido / Una segunda vida, 1912), del prolífico y en parte olvidado Max Mack. Cuesta creer que esta película y la fantástica comedia Wo ist Coletti? (1913) sean obra del mismo realizador ¿Cómo se puede mostrar tanta tristeza, afectación y drama familiar en apenas algo más de 26 minutos?

La película no trata solo de la mal llamada “locura femenina”, sino también del deseo y de unos sentimientos ocultos, perdidos en el último rescoldo de la memoria, que pesan y destruyen.

Tras un accidente familiar, una mujer sufre una crisis y pierde la memoria; el médico que la atiende, enamorado, se aprovecha, hace creer a la familia de su fallecimiento para llevársela y casarse con ella.
Es una obra de solo dos actos, un formato que en 1912 triunfaba entre el público pero exigía más historia, una trama más compleja y cierta continuidad narrativa. Zweimal gelebt cumple con todo ello. Se vale también de constantes entradas y salidas de los personajes hasta dejar por fin al médico a solas con la paciente: primero le toma la mano y, más tarde, estando ella inconsciente, la besa. Jürgen Kasten lo destaca, entre otros aspectos, en su análisis: “Únicamente la dramaturgia de las entradas y salidas, que busca reunir a la mujer y al médico en sentido espacial, insinúa el verdadero campo de conflicto: el deseo de un hombre enamorado de una mujer casada que ahora le es “entregada” en una relación de dependencia física”. (1)
Kasten escribe sobre los espacios y el paralelismo de las escenas, y coincido con él, pero lo que más me afectó como espectadora es el poder dramático de la última escena: dos vidas paralelas que vuelven a tocarse en un único plano, sin cortes, y que lo hacen tambalear todo. ¿Influyó quizá el privilegio de verla en el Teatro Verdi, durante Le Giornate del Cinema Muto, con la música de Daan van den Hurk? Ya al comienzo del programa en el que se enmarcaba el film de Mack, con cortometrajes tan duros como La Salpêtrière (1912), el músico mostró una delicadeza conmovedora. Con Zweimal gelebt alcanza, para mí, su momento más emotivo e impactante: el desencuentro final, en el que deja que el público rellene la emoción con la ayuda de las notas que acompañan la imagen.
La escena final, ese último paseo de la madre por el campo, es despiadada y de gran belleza. Cuando la mujer descansa en lo que parece una especie de banco, la cámara revela al fondo a la niña, que se acerca contrastada con su vestidito blanco. La madre mira perdida hacia el infinito, y en ese instante creo ver lo cruel que puede llegar a ser una cámara: el desgarro que puede producir, su funcionamiento sin piedad, recreando tensión y la alargándola, mientras la niña juega recogiendo piedras con la vista en el suelo. Esos momentos se hacen eternos. Por fin la mirada de la madre la encuentra: ¡su niña! ¡Sus recuerdos! ¡Su dolor! Todo ello sin cortes, con ambas acciones en un solo plano. La música podría haber hecho la escena más desesperada y dolorosa, pero deja libertad y permite sentir la imagen. El encuentro con la hija, la recuperación de la memoria, el desenlace… te destroza, literalmente.

El Teatro Verdi antes del programa 1 de Female Madness, en el cual se proyectó Zweimal gelebt. Foto de Valerio Greco

Notas:

(1) Jürgen Kasten, From Peripetia to Plot Point: Heinrich Lautensack and 'Zweimal gelebt' (1912), en Thomas Elsaesser (ed.), A Second Life: German Cinema’s First Decades, Amsterdam University Press, 1996.

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