
El lunes 5 abrimos con el programa Griffith, y es sorprendente y muy divertido ver a Sennett protagonizando The Politician’s Love Story (1909). Pero no solo por las situaciones cómicas: la división del espacio, la acción perfectamente ritmificada y la impecable calidad de la restauración nos llevan a aplaudir entusiasmadamente. Sennett interpreta a un político indignado porque se ve parodiado en una caricatura publicada en el diario de la ciudad. Se acerca dispuesto a reprender y golpear a su autor, pero ¿qué ocurre si este es en realidad una bella dama, capaz de sacarlo de su papel y enamorarlo? ¿Es posible que, por un momento, olvidemos la mirada del espectador moderno y nos situemos, aunque sea de manera imposible, en la mirada del público de aquella época? El piano de John Sweeney no hace más que reforzar esa sensación.
Dentro del apartado Il canone rivisitato vimos Berg-Ejvind och hans hustru (The Outlaw and His Wife, 1918), de Victor Sjöström. Nunca había visto esta obra en pantalla grande y, con el piano de Neil Brand, la experiencia adquiere una intensidad especial. Se siente mucho más el dolor de Ejvind, interpretado por el propio Sjöström, como tiembla su cuerpo cuando intenta salvarse de caer por ese abismo. El amor por Halla y la felicidad se encuentran allá arriba, en ese lugar al que los demás hombres no llegan, donde ambos descubren una libertad que después se transformará en amargura. Las escenas nocturnas en la nieve del final son impactantes: las huellas, la luz, el paisaje… Imágenes que podrían servir como referencia para producciones posteriores. El acompañamiento de Neil Brand al piano y Günther Buchwald al violín fue extraordinario.
En el apartado Weimar senza censure vimos Heddas Rache. Algunas de las obras presentadas en esta sección de Pordenone se proyectan por primera vez. En La venganza de Hedda, la caída moral atraviesa todas las capas sociales y está en el centro de su venganza. En algunos momentos, la casa burguesa y el burdel apenas se distinguen por su decoración. Das Haus, esa «casa» de la que se habla, es también parte de aquella otra que permanece sin ser nombrada, pero siempre latente.
Las sesiones nocturnas comenzaron con un hallazgo por su colorido y sus tonalidades: Stellina, la pescatrice di Venezia, de realizador desconocido (1912). No es solo esa Venecia de colores y tonalidades tan particulares, sino también Madeleine Céliat, su protagonista: la hija de un pobre pescador que, a través de un acontecimiento fortuito, llegará a conocer el amor.
El día concluyó con una película de diva, L’Arzigogolo (1924), de Mario Almirante, protagonizada por Italia Almirante Manzini. Un delirio medieval alrededor de una diva enigmática que interpreta a Violante, una mujer que no quiere casarse con ninguno de sus pretendientes, aunque el conde Giano esté enamorado de ella. Intocable, impasible y fría en su distancia, Violante irá dejando caer poco a poco esa barrera.
El acompañamiento de Stephen Horne al piano, Elizabeth-Jane Baldry al arpa y Frank Bockius a la batería fue magnífico.
¡Viva el cine de divas, viva el color!
