
El Festival de Cine Mudo de Forssa, que celebrará su 27ª edición del 17 al 23 de agosto, es mucho más que una cita para los aficionados al cine silente. Su historia está marcada por una convicción: la de no rendirse.
Todo comenzó en 1906, cuando el pintor Albert Lindfors decidió llevar el cinematógrafo a la pequeña ciudad de Forssa. Había conocido aquel nuevo invento durante sus viajes por Europa y quedó fascinado por esas "imágenes vivas" que parecían desafiar los límites de la pintura. Construyó un pequeño cine junto a su casa y encontró una forma muy natural de hacer convivir sus dos pasiones: en verano la sala servía como estudio de pintura y en invierno volvía a llenarse de espectadores.
Pero lo más interesante de esta historia llegó después. Cuando el cine sonoro se impuso, el viejo teatro no pudo adaptarse. Cerró sus puertas y comenzó una larga etapa de transformaciones. Durante décadas fue muchas cosas distintas: gimnasio, tienda de juguetes, comercio de instrumentos musicales, tienda de telas e incluso concesionario de automóviles. Cambiaba de uso una y otra vez, pero seguía en pie, como si se negara a desaparecer del todo.

A finales de los años noventa estuvo a punto de llegar el final. El edificio se encontraba muy deteriorado y no faltaban quienes pensaban que lo más sensato era derribarlo. Sin embargo, hubo personas que se empeñaron en salvarlo. Gracias a ese esfuerzo colectivo, el antiguo cine pudo restaurarse y recuperar la función para la que había nacido.
De alguna manera, el festival ha heredado ese mismo espíritu. Desde el año 2000 ha convertido este pequeño teatro en un lugar de peregrinación para quienes aman el cine mudo. Y tampoco ha tenido una existencia fácil. En los últimos años los problemas económicos han sido serios y, por momentos, pareció que el festival podía desaparecer. Sin embargo, aquí sigue. Quizá porque quienes lo organizan, quienes colaboran con él y quienes lo apoyan sienten que están cuidando algo que merece la pena conservar.

Por eso resulta tan importante el papel de los socios, pues cada socio ayuda realmente a sostener el proyecto. Hacerse miembro (1) no significa solo aportar una pequeña cantidad económica, sino formar parte de una comunidad que quiere que este lugar siga existiendo. Al fin y al cabo, si el viejo cine ha logrado sobrevivir durante más de un siglo ha sido gracias a personas que hicieron suyo el compromiso de mantenerlo vivo
Quizá esa sea la verdadera esencia de Forssa. No es solo un festival de cine mudo ni un edificio histórico excepcional. Es la historia de una resistencia tranquila y persistente. La de un cine que se negó a desaparecer y la de muchas personas que, generación tras generación, han seguido manteniendo vivas esas imágenes.
(1) Subscripción de la membresía de la Asociación del Cine Mudo de Forssa (Forssan mykkäelokuvayhdistys ry): Become a member | Mykkäelokuvafestivaalit 17.-23.8.2026 Forssassa
Fuente de las imágenes y de los orígenes del teatro:
Forssa Silent Film Festival (sitio oficial)
Forssan Elävienkuvien Teatteri (sitio oficial)
